Estoy casi segura que este post va a levantar más de una ampolla y que va a ser un unpopular opinion de categoría, pero antes de que saquéis las antorchas y me expulséis del gremio de seriéfilos, dejadme explicar el por qué de todo esto. Todos tenemos una lista de series pendientes para ver, y luego suele estar la lista de series que sabes perfectamente de qué van porque internet ya se ha encargado de mostrártela hasta la saciedad. Y como yo soy de las que siempre (o casi siempre) nada en dirección contraria a la de los demás, pues esas series que se han hecho súper famosas pues no las he visto porque prefiero ver aquellas de las que no habla ni Peter, que eso me hace disfrutar mucho más.
Sé que el top 10 comienza fuerte y que habrá más de uno que se esté arrancando los ojos como Phoebe en el meme, pero lo siento, nunca fui de Friends (NBC). Sé que fue el fenómeno que definió los 90, pero a estas alturas, siento que ya la he visto a través de memes, tazas de Central Perk y clips de Instagram. El humor de "risas enlatadas" me genera una barrera insuperable y, aunque sé que Ross y Rachel son historia de la televisión, me da la sensación de que he llegado treinta años tarde a una fiesta en la que ya se han acabado los canapés.
Esta comedia nos traslada a una comisaría de Nueva York donde un grupo de detectives, liderados por el inmaduro pero brillante Jake Peralta, resuelven crímenes entre chistes internos y asaltos anuales. Me han hablado de ella muchísimo de Brooklyn Nine-Nine (FOX, NBC), llegué incluso a ver uno o dos episodios, pero lo siento, la idea de una policía tan extremadamente hilarante me saca un poco del contexto y prefiero dejar a Holt y compañía en su precinto sin mi presencia. Y no digo que sea mala, pero lo cierto es que a mi las series de humor, como que no van conmigo, las cosas como son.
La sensación coreana de Netflix que puso de moda los chándales verdes y las galletas de azúcar trata sobre un grupo de personas desesperadas por deudas que participan en juegos infantiles mortales por un premio millonario. Sé que es una crítica social mordaz y que visualmente es una joya, pero el componente de violencia extrema y sadismo gratuito no es lo que busco, y tampoco es que le vea yo mucha gracia a Squid Game (Netflix), las cosas como son. Solo con ver el tráiler me genera un estrés que no necesito y, aunque conozco algunos de los retos porque aparecieron en su momento hasta en la sopa (como el de la muñequita siniestra), prefiero seguir sin saber quién sobrevive al final.
Con todo lo que me gustan las series médicas, no sé por qué nunca me dio por ver esta serie, aunque sí que se me haya pasado por la cabeza hacerlo en algún momento puntual. Quizás el hecho de que haya un personaje protagonista tan borde me tire bastante para atrás por mucho que sea brillante y su adicción a la vicodina tenga su intringulis. Y es una pena porque House (FOX) fue un hito y la típica serie que se dedicaba a resolver casos imposibles, y ¡ojo! el premisa estaba bien pero cuando tienes tantos episodios y/o temporadas en bucle con 'enfermedad rara - diagnóstico erróneo - final milaroso' a mi me vais a perdonar pero se me hace repetitivo y aburrido con solo pensarlo. Y no, esta serie para hipocondriacos pues igual como que no es.
The Big Bang Theory (CBS) es una serie que ha recaudado millones, pero no me llama absolutamente nada la atención. Vuelvo un poco a lo mismo que antes, a mi dame un buen drama y no una comedia, porque es que no me hace gracia y mucho menos si el concepto es reirse de los personajes. Que luego soy la típica que se ríe viendo un vídeo de un gatito, un perrito o un bebito haciendo cualquier tontatada, pero no estoy hecha para ver series de este estilo. Prefiero guardar mis energias para ver otra cosa que me atraiga más, y seguir con mi vida sin conocer los contratos de convivencia de Sheldon Cooper.
Las comedias no son lo mío, creo que ya ha quedado claro. Pero a decir verdad, tampoco son las series o películas de terror, o que por lo menos te den algún que otro sustito (y luego me veo thrillers, pero bueno, en fin) porque entonces ya me tienes traumatizada y con pesadillas el resto de mis días. Y precisamente por eso, series como The Walking Dead (AMC) no las he visto. Que no te digo yo que los muertos sean menos peligrosos que los vivos (en la ficción, me refiero), pero a mi me dejas de tontadas, que yo sin zombies vivo mucho mejor.
Dragones, traiciones políticas, incesto y una cantidad de nombres de familias que requieren un máster y mucha memoria para entender quién es quién en Poniente. Sé que Games of Thrones (HBO) es la serie más grande de la historia, pero el nivel de inversión emocional y de tiempo que requiere me tira para atrás, y mirad que le he dado más de una oportunidad, que conste. Y entre que hubo una presión social por verla porque parecía que si no lo hacías eras un ratito y que encima el final todo el mundo lo odió, pues yo fui desarrolando una resistencia natural que me ha terminado trayendo hasta este post. ¡Cómo son las cosas!. Así que me basta con saber que "se acerca el invierno" (mi época favorita del año, también os diré) mientras yo me quedo en mi sofá con la calefacción puesta y sin dragones que valgan. Discúlpame, Daenerys.
Todo empezó con un videojuego y sinceramente, a día de hoy sigo sin verle la gracia a esta historia. Comencé a ver The Last of Us (HBO) por el boom que hubo, y me llamó bastante la atención ver a Joel y Ellie cruzando unos Estados Unidos devastados por un hongo que convierte a la gente en monstruos, pero hasta ahí. No me gustó nada a pesar de que todo el mundo decía (y dice) que era una obra maestra. Volvemos un poco a lo que comentaba antes, ese drama postapocalíptico deprimente, con zombis (o infectados) donde encima todo es gris, triste y los personajes lloran cada diez minutos, ni me gusta, ni hace que luego pueda dormir tranquilamente. Así que por eso la abandoné.
No sé vosotros, pero yo he oído hablar de Breaking Bad (AMC) hasta la saciedad. Porque Walter White era un profesor de química con cáncer, que empieza a cocicnar metanfetamina para ganar dinero y dejárselo a su familia, y a lo tonto, termina convirtiéndose en el rey de la droga. Probablemente sea la mejor serie escrita de la historia, no voy a decir yo que no, pero no sé si fue porque salía hasta en la sopa, pero no es que me entusiasmase mucho la idea de verla.
Como criminóloga frustrada, tenía que ver Mindhunter (Netflix) porque explora los inicios de la psicología criminal en el FBI, entrevistando a asesinos en serie reales para entender cómo piensa. Y eso amigos míos, me llamaba mucho, muchísimo la atención. Pero claro, luego vi un trozo del episodio y no me enganchó, le di una segunda oportunidad y tampoco... así que decididamente la abandoné y me negué a verla. Es la típica serie que me ha dado pena no verla porque la premisa me gusta mucho y es del estilo a las que suelo que ver, pero si de primeras no me gusta, dificil es que luego lo haga.
Y hasta aquí mi lista de la vergüenza. Sé que muchos estaréis ahora mismo llevándoos las manos a la cabeza, pero oye, en la variedad está el gusto y en la falta de tiempo está la selección natural de mi mando a distancia. A veces, simplemente no conectamos con lo que el resto del mundo adora, y eso también es parte de ser un seriéfilo con personalidad.
¿Qué os ha parecido? ¿He cometido algún sacrilegio imperdonable o estáis conmigo en alguna de estas? ¡Dejadme vuestra opinión en los comentarios! Y si queréis que confiese más series famosas que he ignorado olímpicamente, no dudéis en pedir una segunda parte. ¡Os leo!
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