La Season 3 de Tracker ha llegado a su fin, dejando un sabor algo agridulce tras haber sido una temporada llena de altibajos que fue de mas a menos conforme iba avanzando.
Tras dos temporadas donde la fórmula del "caso de la semana" funcionaba como un reloj suizo gracias a la frescura de su propuesta, esta tercera ha demostrado que hasta el rastreador más hábil de la televisión puede perder el rumbo si insiste en pisar siempre el mismo terreno y, sobre todo, si no sabe gestionar las ausencias.
Es cierto que Justin Hartley sigue derrochando ese magnetismo innegable que le otorga a Colter Shaw una naturalidad pasmosa, pero la narrativa principal ha empezado a mostrar alarmantes signos de fatiga, atrapada en un bucle de rescates predecibles que ya no sorprenden a nadie y arrastrando el peso muerto de una reestructuración de elenco que no ha terminado de cuajar.
El gran talón de Aquiles de estos meses ha sido, sin duda, la gestión de los personajes y el vacío insalvable que dejaron las marchas del pasado.
La ausencia definitiva de Teddi Bruin rompió un equilibrio doméstico y logístico que daba mucha calidez a la serie, y Velma se vió obligada a asumir todo el peso del soporte desde la base, pero al quedarse sola, su dinámica perdió esa chispa de comedia que tan bien funcionaba, quedando reducida a una proveedora de datos que le da la información masticada al protagonista. Por eso quizás se decidió (fuese quien fuese) que era hora de sacar al personaje de la serie, porque si su mujer, Velma se quedaba coja en cuanto a trama.
Para intentar llenar este y otros huecos, la serie ha introducido caras nuevas y ha ascendido a personajes recurrentes, pero los recién llegados han carecido del carisma necesario para sostener el ecosistema de Colter. Las nuevas alianzas en el terreno técnico y legal se sienten forzadas, son como parches de guion introducidos para que el héroe no tenga que hablar solo en su caravana y darle un poco de vida a la serie, pero no sé hasta qué punto lo ha conseguido.
Bobby también terminó abandonando el barco a pesar de ser el hacker infalible que solucionaba cualquier callejón sin salida informático con tres clics rápidos, pero su personaje se estancó y no era capaz de evolucionar más allá de ser la herramienta tecnológica de turno.
En su lugar pusieron a Randy, un personaje divertido y con la misma capacidad tecnológica que Bobby, que tiene momentos en los que consigue destacar y otros en los que incluso se te olvida de que existe. Lo cuál es un problema si la idea es seguir manteniendo al personaje sin profundizar demasiado en él.
Por su parte, Reenie ha intentado dar un paso al frente para ocupar un espacio mucho más central en la vida del rastreador, pero la tensión no resuelta entre ambos ha entrado en un terreno peligroso, lo que antes era una química vibrante y un flirteo profesional muy adictivo, ahora se siente como un recurso repetitivo que los guionistas estiran por miedo a tomar una decisión real.
Mientras tanto, el propio Colter Shaw ha pecado de plano. El héroe infalible ha terminado siendo víctima de su propia perfección, Hartley lo interpreta con una soltura envidiable, pero la alarmante falta de una evolución psicológica real lo ha convertido por momentos en una caricatura de sí mismo, el tipo duro y solitario que resuelve los traumas de los demás los domingos por la noche mientras ignora por completo los suyos.
Esto se vuelve especialmente sangrante cuando analizamos el misterio de la familia Shaw, que debería haber sido el gran motor dramático de la temporada, porque aunque se reveló gran parte de la historia al final de la Season 2, es verdad que siempre te dejan con la sensación como que siempre había más.
Los encuentros esporádicos con su hermano Russell y las revelaciones a cuentagotas sobre el pasado de su padre se han dosificado con tanta tacañería que, en lugar de generar intriga en el espectador, solo han provocado frustración. Y las subtramas familiares se han sentido como parches metidos con calzador para rellenar minutos entre caso y caso, sin avanzar hacia ninguna resolución real.
Al final, el gran problema de esta tercera temporada de Tracker no es que sea un mal producto, porque sigue siendo un entretenimiento digno y facilón para desconectar el cerebro, sino su absoluto conformismo. Al estirar el chicle del misterio central sin ofrecer respuestas y no saber suplir las bajas del reparto original con personajes a la altura, la serie ha perdido la frescura que la convirtió en un éxito sorpresa, demostrando que hasta para encontrar la verdad hay que arriesgarse a salir del camino marcado.
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Tracker | Novedades sobre la Season 4
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