Hay libros que te encuentras casi por casualidad, de esos que no están en todas partes ni ves recomendados cada dos minutos, y La Chica Que Ardía Como Una Cerilla de Emilio Graña es básicamente eso, una novela que, además, solo está en formato ebook, así que tampoco es de las que te cruzas en una estantería y te llama la atención por la portada. Más bien tienes que ir a por ella.
Y precisamente por eso me apetecía traerla por aquí, estrenando la nueva sección de reviews de novelas que vaya leyendo. Porque dentro de ese perfil más discreto, propone un thriller que no va exactamente por donde uno espera. Parte de una premisa bastante reconocible y que tanto me gusta como una desaparición, una investigación y muchos secretos, pero la forma en la que lo desarrolla tiene su aquel y puede generar bastante división según lo que busques.
| Contiene Spoilers |
La historia comienza exactamente como te lo esperas, con una desaparición, una noche cargada de simbolismo, un inspector con sus propios demonios… todo muy en la línea del thriller psicológico que ya tenemos bastante visto. Y al principio te acomodas un poco en eso, pensando que sabes jugar a este juego. Pero el libro no va por ahí. O mejor dicho, finge que va por ahí mientras te va quitando el suelo poco a poco.
Porque lo que hace Emilio Graña no es tanto contarte qué pasó con Laura, sino enseñarte lo imposible que es saber a veces la verdad. Cada testimonio añade algo, pero también desmonta lo anterior. Cada personaje parece sincero… hasta que deja de serlo. Y llega un momento en que ya no estás siguiendo una investigación, estás viendo cómo se rompe la idea de que exista una versión definitiva de los hechos.
Y eso tiene bastante mérito, porque el libro consigue generar incomodidad sin necesidad de grandes giros y te mete de lleno en la historia sin meter paja de por medio. De hecho hay sensación constante de que algo no encaja, y de que todo está ligeramente torcido, y eso ayuda mucho porque no te da tiempo a aburrirte mientras lo lees. Es cierto que el ambiente ayuda muchísimo, porque el mar, la noche de San Juan o el fuego tienen ese punto simbólico que no se siente forzado, sino más bien inquietante, como si el propio escenario estuviera participando en el misterio. Y es que Bizkaia y San Juan de Gaztelugache consiguen envolver la misteriosa desaparición de Laura como si fuese un personaje más de la novela.
El inspector Tomás Echeverría también suma, sobre todo porque no es un cliché con patas. Está tocado, sí, pero de una forma más contenida y más creíble, haciendo que empatices fácilmente con él. No va dando discursos sobre su trauma por la desaparición de su hija Lucía, pero vas notando como se obsesiona poco a poco con el caso de Laura, en cómo interpreta las cosas, en cómo necesita que haya una respuesta... aunque quizá no la haya.
Y luego está Laura Sáenz, la protagonista de esta historia y probablemente la más interesante de la novela, porque más allá de jugar al principio con el misterio de que quizás fue llevada por una fuerza oscura, antes de dejarte con la duda de si fue una desaparición voluntaria, una victima o una historia proyectada por Tomás, siento que no terminas de conocerla a ella como personaje en ningún momento. Es como si fuese un reflejo construido a partir de los testimonios que dan otros sobre ella, y como cada uno de ellos la ve de una forma distinta, haciendo que al final no sepas quién era de verdad. Y eso engancha más que cualquier giro de guion, pero también te deja con una sensación extraña de necesitar saber más sobre el personaje.
El problema o la gracia de todo esto (según cómo lo mires) es que la novela no te recompensa de forma clásica. No hay una resolución clara, no hay un momento de "ah, vale, era esto", porque lo que hay es un conjunto de piezas que podrían encajar de varias maneras, y el autor decide no cerrarlo. Y claro, eso puede ser muy estimulante o bastante frustrante, dependiendo de si hay una segunda novela que resuelva ciertas dudas o no.
Porque sí, hay un punto en el que te gustaría que alguien se mojase un poco más, pero al mismo tiempo entiendes que si lo hiciera, perdería parte de lo que lo hace especial. Es un thriller que no quiere darte respuestas, quiere que dudes incluso de las preguntas.
Al final te quedas con esa sensación rara de no haber resuelto nada del todo, pero haber estado dentro de algo bastante absorbente. No es la típica novela que recomiendas a cualquiera, porque depende mucho de la paciencia que tengas con la ambigüedad. Pero si entras en su juego, tiene algo bastante potente, y de esos que no terminan cuando pasas la última página, sino cuando decides en qué versión de la historia quieres creer... o si aceptas que ninguna es suficiente.
Y tú ¿qué opinas?, ¿te ha llamado la atención la historia o ya la has leído?. Anímate a dejar tus impresiones y teorías en la parte de comentarios. Si te ha picado la curiosidad y quieres hacerte con un ejemplar de la novela, puedes encontrarlo pinchando en el botón de abajo.
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