Hay semanas en Sueños de libertad donde la serie parece moverse y luego hay semanas como esta, donde todo empieza a sentirse mucho más incómodo. Porque estos episodios no han girado realmente alrededor de una única trama, han girado alrededor de algo mucho más peligroso para una serie diaria, que son las consecuencias emocionales de todo lo que los personajes llevan meses ocultando.
| Contiene Spoilers |
La sensación que he tenido durante toda la semana ha sido que absolutamente nadie está consiguiendo sostener la imagen que intenta proyectar, es decir, todos los personajes parecen estar actuando delante de alguien, por motivos varios, y poco a poco, esa fachada ha empezado a romperse.
Y el mejor ejemplo es Fina. Probablemente haya sido la gran protagonista de esta semana y eso no lo podemos negar, no porque tenga las escenas más explosivas, sino porque la serie hace algo bastante inteligente con ella, mostrar cómo el trauma puede aparecer incluso cuando aparentemente todo está más tranquilo.
El ataque de ansiedad al recordar a Santiago ha sido fácilmente uno de los momentos más impactantes de la semana, aunque algo extraño si me permitís que os lo diga, porque no es una escena exagerada llena de música dramática y grandes discursos, sino un momento mostrado desde la incomodidad y desde la sensación de que Fina lleva demasiado tiempo intentando seguir adelante sin procesar realmente nada.
Y eso conecta muchísimo con su relación con Marta, porque mientras Marta intenta avanzar, tomar decisiones y reorganizar su vida, incluyendo esa despedida de la casa de los Montes, que se siente casi como el cierre simbólico de una etapa, Fina parece emocionalmente atrapada en cosas que todavía no sabe cómo verbalizar.
Además, la llamada misteriosa deja una sensación clarísima de que Fina realmente oculta algo más allá de esa enfermedad que supuestamente padece. Y aunque sea bastante predecible y más desde que sabemos que tiene que ver con Bianca, de alguna manera es lo más interesante que tiene ahora mismo esa trama, a la vez que me indigna un poco porque me veo por dónde van a ir los tiros y no me gusta.
Marta, por otro lado, ha tenido una semana mucho más práctica y contenida emocionalmente, pero igualmente importante. Su enfrentamiento con Tasio por la marcha de Carmen deja claro que ya no quiere seguir suavizando ciertas conductas masculinas dentro de la narrativa, y funciona casi como la voz que obliga a otros personajes a enfrentarse a las consecuencias reales de lo que hacen. Lo hemos visto con Damián, con Andrés, con Cloe y ahora también con Tasio.
Además, la propuesta a Claudia sobre ser la encargada de la tienda, debería haber sido algo inesperado y sorprendente, pero lo cierto es que ya sabíamos que esto iba a ocurrir al haberse filtrado en varias ocasiones fotos o vídeos con el uniforme amarillo. Esto a priori parece una decisión pequeña e insignificativa, pero claramente es la antesala de todo lo que está por venir y de esas relaciones que se irán alterando poco a poco durante las próximas semanas.
Y luego está Gabriel, que esta semana prácticamente ha vivido su peor pesadilla y ha estado en un estado permanente de confrontación. Su choque con Brossard funciona muy bien porque representa dos formas completamente distintas de entender la fábrica. Gabriel actúa desde el rencor, el orgullo y la necesidad constante de demostrar que todavía tiene poder dentro de ese mundo, y sin embargo Brossard, llega como una amenaza mucho más fría.
Antoine Brossard ha sido probablemente la incorporación más interesante desde que inició esta Season 3 (con respeto a Miguel Salazar, por supuesto), porque no entra haciendo grandes villanías, pero sí dejando clara cual es su postura y su objetivo. No necesita levantar la voz constantemente ni actuar como antagonista, porque su peligro está precisamente en lo contrario, es decir, parece alguien acostumbrado a tomar decisiones importantes sin preocuparse demasiado por el daño humano que dejan detrás.
Cada escena con él transmite incomodidad, especialmente cuando Damián empieza a enfrentarse directamente a sus decisiones. Porque ahí la serie conecta muy bien el conflicto empresarial con algo mucho más personal, mostrando como los hombres están acostumbrados a controlar absolutamente todo y cómo empiezan a darse cuenta de que ya no dominan la situación tan fácilmente. La pregunta ahora es cómo van a conseguir salir de este embrollo, porque es evidente que la fábrica no se trasladará a Marruecos (porque sino terminaría la serie), por lo que o bien Gabriel se alía con los de la Reina para hacer frente a la situación o bien Antoine muere como se dijo en redes sociales y su hijo es el que se queda con el cotarro haciendo que la fábrica siga en Toledo gracias a Cloe, quien sería la que le convenzca de ello.
Y hablando de Damián... su confesión a Pablo sobre la muerte de Gervasio cambia completamente la energía del personaje y por supuesto, su relación. Damián lleva tiempo siendo alguien atrapado entre la culpa, el orgullo y la necesidad de mantener una imagen de autoridad constante. Pero esta semana ha terminado emocionalmente expuesto de una forma bastante brutal, porque la realidad es que la confesión no se siente demasiado liberadora, sino desesperada. Eso hace que el personaje gane muchísima más humanidad de golpe.
Mientras tanto, toda la trama de Salva, Álvaro y el robo de camiones ha servido para aportar tensión más directa a la semana, aunque tampoco es que sea demasiado interesante si somos sinceros. La investigación avanza bastante rápido, la Guardia Civil empieza a presionar y la confrontación entre Salva y Álvaro deja claro que ese conflicto va hacia un terreno mucho más personal.
Pero lo más interesante de Salva realmente no ha sido eso, sino Mabel, porque la relación entre ambos consigue algo como que los personajes terminen hablando desde la vulnerabilidad real y no únicamente desde el drama. La confesión sobre su pasado funciona precisamente porque Salva deja de intentar parecer misterioso o protector y simplemente se muestra roto, aunque e de admitir que su secreto me ha dejado un poco fría porque esperaba que fuese algo mucho más oscuro e impactante.
En cuanto a Mabel, ha evolucionado y crecido bastante como personaje en muy poco tiempo. La proposición inesperada de Nieves, la confesión sobre su novio y toda la dinámica familiar hacen que deje de sentirse como figura secundaria decorativa para convertirse en alguien con peso propio.
También hemos tenido una buena dosis de Don Agustín, quien ha pasado de ser únicamente el sacerdote que escucha secretos a escondidas, a adentrarse en conflictos peligrosos e incluso hacer de investigador. No sé cuál es el objetivo de esta trama más allá de un posible regreso puntual de la Dra. Borrell, porque teniendo en cuenta que Nieves sigue en la serie, no le veo otro sentido a su investigación sobre la muerte de Alberto.
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2 comentarios
Buena review!! pero como ves esa trama de Fina y Marta...?? se siente que ha vuelto Fina con mucha oscuridad, que saldrá todo y pero van a poner fin a la trama de ambas (no se si siguen grabando ambas)
ResponderEliminarPor otro lado me intriga saber como Nieves saldrá de las acusaciones y teoría del sarcerdote y en que queda la relación de Damian y Pablo. Seguiremos expectantes!
La verdad es que no te sé decir, por dónde podrían ir las cosas ni con Mafin, ni con Nieves porque si algo tiene esta serie es que nunca sabes por donde tirar.
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